El camino más corto

A veces el camino más corto entre dos puntos no es aquel que implica menos tiempo de desplazamiento, especialmente cuando hablamos de trayectos repetitivos. Cuando me cambio de casa o de trabajo, paso muchas semanas investigando y experimentando las distintas posibilidades para llegar a mi destino rutinario. De hecho, intento tener varias opciones aceptables para poder elgir en base a mi estado de ánimo, el tiempo meteorológico, u otras circunstancias externas como la necesidad de transportar instrumentos.


Suelo acabar con tres posibilidades finales. El camino más cómodo, el más rápido, y el más activo/económico.

El camino más cómodo.

Este es para mí realmente el más corto, porque se siente más corto. Y es así porque me permite concentrarme en hacer cosas por el camino, sea leer, ponerme al día con internet, o simplemente mirar al infinito y divagar sin distracciones. A veces incluso hacer cosas como escribir esta entrada. El hecho de poder concentrarme en algo hace que pase el tiempo sin enterarme apenas, aunque a veces la duración del trayecto pueda ser de hasta un 40% más que la versión rápida. Suele ser en autobús, donde hasta ahora siempre he encontrado comodidad, cercanía con las paradas, y efectividad en la distribución de las líneas en Madrid. Además, desde hace unos años, la aplicación para móvil de la EMT te permite salir de casa con previsión y no tener que esperar más de la cuenta en la parada. El autobús me permite disfrutar más de la visión de la ciudad cada día, y de la luz natural. De algún modo, se ha convertido en mi transporte público fetiche.

El camino más rápido

Curiosamente, suele ser el que menos utilizo. Generalmente es en metro, lo que hasta ahora en mi caso ha significado andar más hacia la estación, desde la estación, y dentro de los largos túneles de transbordos. El metro siempre significa estar más alerta, es más fácil pasarse de parada que en el autobús, donde los giros y el entorno hacen más fácil ubicarse incluso sin mirar apenas por la ventana. En el metro siempre me cuesta mucho más concentrarme en hacer otras cosas y aprovechar el desplazamiento.

El camino más económico

Como no podría ser de otra forma, este siempre es en bicicleta o si es posible, andando. Mucha gente aún piensa que Madrid no es una ciudad para las bicis, y en parte tienen razón sobre todo por las cuestas y el tráfico, pero aún así con un poco de estudio del trayecto a cubrir, no sólo es posible sino muy recomendable disfrutarla usando este transporte. Te hace experimentar la ciudad de un modo completamente distinto. Durante mucho tiempo he ido al trabajo a diario en bici y es fantástico. En los meses de buen tiempo suele ser mi primera opción. La vitalidad con la que llegas a tu destino, y la mejora general del bienestar diario es remarcable. Sin embargo, suele ser la última de las posibilidades que exploro porque depende de la distancia y las zonas a cruzar puede ser más aventura y, definitivamente, hay que cogerlo con ganas si se trata de un trayecto de varios kilómetros. Como cualquier actividad física, tiene un periodo de adaptación. Además, en temporadas voy varios días a la semana con la guitarra o el bajo encima, haciendo coger la bici algo más complicado o directamente inviable.


Al final, lo que saco sobre este pequeño resumen sobre mi proceso para elegir el trayecto que utilizo todos los días es que para mí es importante poder aprovecharlo haciendo cosas, o que el trayecto en sí me reporte algo, como en el caso de la bicicleta, pero sobre todo remarcar las ventajas de tener varias opciones y evitar la monotonía.