Procesos creativos

Hace unos días subí a mi Bandcamp y a ésta web la última canción que he terminado, llamada Amar Es Perder. Para mí es una canción especial, no solo porque en cierto sentido, retomo parte del sonido que creo que me definía más en mi época en inglés. Además, esta canción es la única que he hecho que nació muchísimo antes de ser terminada. Supongo que cada compositor tiene una forma de trabajar distinta. Es muy normal que un músico empiece una canción y la rescate años después. Algunos de mis amigos músicos guardan cintas y cuadernos con ideas acumuladas a lo largo de años, que recuperan en ciertos momentos. Yo mismo tengo en mi Mac decenas y decenas de proyectos, clasificados por año. Algunos contienen una estrofa y un estribillo nada más, con un boceto de letra o sin nada de letra. Otros tienen una idea de producción, un ritmo y un riff de guitarra, o una frase de teclado. Según pasan los meses, reviso algunos de estos proyectos. No suelo acordarme de las cosas que tengo guardadas, y a veces me sorprendo de las posibilidades que tienen algunos de estas ideas en barbecho. Otros los escucho y bueno, mi reacción es distinta. Los que me parece que tienen posibilidades, quedan marcados en color verde o amarillo, para poder reconocerlos de un vistazo más adelante. Si el nombre de la carpeta no me da una pista de lo que hay dentro, le pongo un nombre más representativo. Y es que cuando empiezas un proyecto en Logic, lo primero que te pide es un nombre. ¿Y yo que sé cómo voy a llamarlo si aún no sé ni lo que voy a hacer? Tengo demasiados proyectos que se llaman como un día de la semana. Al menos tendré 8 domingos, y más de 5 sábados. Suelo ponerles otro nombre provisional más práctico, a menudo una indicación de por dónde podría ir la letra, o de algo de la producción. Nombres tán estúpidos como “ritmillo”, “bailonga”, o grupos que me suenan a eso que estaba haciendo, como una que tengo que se llama blonde por Blonde Redhead (esa debería terminarla). Amar es perder, por ejemplo, se llamó por un tiempo “La misma canción” porque en un principio pensé que podría ir, dada su estructura, de la tendencia que tenemos a veces de repetir pensamientos, conductas, y errores. Después, aunque solo en mi cabeza, yo la llamaba “Volver a creer”, porque me gustaba la idea, por ese aire optimista que tiene, de que el mensaje acompañara al sonido. El título definitivo se lo puse al terminarla, como debe ser. Al fin y al cabo, muchas veces, ese solo que se te ocurre en la última tarde de grabación puede cambiar el espíritu completo de la canción. No es lo mismo un tema que rompe al final con un estallido sónico que uno que se contiene, ¿no? Quiero decir, a veces no tiene por qué significar que hay que buscar otro nombre. En este caso para mí, sí. Y es mi canción, hago con ella lo que quiero. He dicho. El caso es que aunque tengo todas esas canciones ahí esperando, hasta ahora no había terminado ninguna que hubiera empezado hace tanto. En general, mi primer impulso es empezar algo nuevo. Supongo que, en un nivel creativo, tengo algo de eso que llaman “huída hacia delante”. Siempre quiero empezar cosas nuevas, terminarlas pronto y empezar otra. Hasta ahora, de hecho, casi todas las canciones que he parido, se han gestado, y han nacido en un espacio de tiempo de entre 4 y 16 horas, aproximadamente. Generalmente en un mismo día o en días contíguos. Trabajar así, sin embargo, se me ha hecho más complicado con el paso de los años, cómo no, a causa de tener un empleo. Por cierto, todo eso que dicen de que la rutina mata la creatividad, no es cierto. Me sigo sintiendo una persona tremendamente creativa, pero simplemente, no tengo tiempo para desarrollar mis ideas. Sueño con un año sabático. Volviendo al proceso de creación de una canción, en mi caso al menos, lo más importante son las primeras horas. Imaginad una barra de progreso, de esas que vemos todos los días. Esa barra de progreso se tiene que llenar en esas horas. Si no se llena, y dejo de trabajar en la canción, aunque la retome al día siguiente, probablemente no podré terminarla ya nunca. Quizá suena un poco tremendo pero es así en la práctica. Al final, casi cualquier idea, con suficiente trabajo, dándole vueltas, puede quedar más o menos bien. Veo cada idea como una ecuación que hay que resolver. Pues bien, como digo, en esa primera fase, hay que dejarla prácticamente resuelta. Si no, siempre será más cómodo y atractivo empezar una nueva, que retomar el proceso que se comenzó, sin perderse. Si el tema ya está encaminado, el tiempo y el reposo pueden hacer que después, no solo te apetezca porque ves que se puede terminar, si no que además, puedes aportar muchas cosas nuevas hasta dejarla mucho mejor de lo que pensaste. Otra opción es dejar la idea completamente sin trabajar, claro, pero no es el caso de la canción que estamos hablando. Amar es perder comenzó como una tarde de 2009 en que estaba tonteando con un Loopstation que tengo en casa. Con él, hice el ritmo principal de la base, el bombo y las palmas. Comencé a tocar encima los acordes que hay actualmente, y pensé en desarrollar toda la canción como un in crescendo a base de loops que se van sumando, como forma de explorar las posibilidades del cacharro. Obviamente mi idea se fué al garete en cuanto vi que necesitaba un par de acordes para terminar las estrofas, rompiendo la simetría. Ahí fue cuando volví a mi herramienta de siempre, el Mac y Logic Pro. Grabé la primera estrofa, cuya letra permanece intacta hoy, y el primer estribillo. Puse ya algunos de los arreglos que quedaron en la versión final, aunque terminé regrabando casi todo porque ahora tengo un previo de válvulas que entonces no tenía. Llegado a un punto, no pude continuar. No sabía cómo seguir, o simplemente, me quedé sin ganas. La retomé unos meses más tarde. Decidí escribir otra estrofa, que posteriormente cambié en parte. Esta segunda estrofa era básicamente lo mismo que la primera, a nivel de producción, otra parte más en que se repetía más o menos lo mismo. Me gustaba lo que había escrito para la letra pero la falta de novedad en la estructura, y el hecho de que no se me ocurriera nada más que hacerle, hizo que la volviera a aparcar. Hace unos días, ya en 2011, la volví a escuchar y me apeteció retomarla. Esta vez, lo primero que me vino fue que tras la segunda estrofa entrara el charles de la batería en corcheas. Eso le daba a la canción un nuevo empuje. Era el elemento que necesitaba para llegar a la conclusión. A veces algo tan sencillo puede ser crucial. Después se me ocurrió que podría llevar unas cuerdas. Pensé en Melody Nelson, aunque algunos me dirían que se acordaban de The Verve. Nada fuera de lo normal. Ya tenía el tema, solo quedaba escribir la tercera y última estrofa y decidir el final. Por suerte ya había grabado una guitarra con wah-wah que me venía de perlas para darle un aire distinto a esa última estrofa. Era perfecto. El solo, efectivamente, fue lo último que hice. En un primer momento pensé en hacer la parte instrumental más ruidosa, y en fade out, pero se me quedaba un poco descafeinado e indefinido. Necesitaba una conclusión, así que aderecé esos compases con la inclusión del solo, y le puse un final más calmado y dulce, con ese piano que replica la melodía de las cuerdas. Un momento de calma tras la explosión. Grabé para el final la primera frase de la letra, para darle un aire más conclusivo y a la vez circular. Y se acabó, ya solo faltaba dejarla reposar otro día más para repasar la mezcla, limpiar las pistas, clicks, ruidos varios, y a positivar. Así terminó un proceso que había comenzado en 2009, y me hace gracia pensar en lo distinto que estaba todo en el momento en que empecé la canción.