El mundo de los perros no es woke
Cómo en el mundo de los perros los dueños alimentan la cultura del más fuerte
Callum, por John Emms, 1895
Hace unos meses saqué a mi perra por la mañana para que hiciera sus cosas. La típica vuelta a la manzana que hago cuando tengo 15 minutos escasos entre llamadas. Cuando giraba la esquina para entrar en una plaza, un perro negro de tamaño considerablemente mayor que la mía - que está en un rango digamos pequeño/medio - vino como una flecha y sin darme tiempo a reaccionar, agarró por el cuello con sus mandíbulas a Miga y la zarandeó violentamente. La pobre gritó aterrada y después quedó temblorosa, dolorida y decaída por varios días. En su cuello heridas con sangre de los colmillos del otro perro. Tras el altercado, tuve una discusión absurda con su dueño que por un lado le quitaba hierro al tema y por otro decía “denúnciame si quieres”.
Desde entonces mi perra, que ya ha sufrido bastantes agresiones de diversas formas, aunque nunca tan grave como esa, se ha vuelto reactiva preventivamente con otros perros. Y es irónico, claro, porque yo siempre he llevado a mi perra con correa, como decía, sobre todo por su seguridad. Ahora además tengo que ir con especial cuidado y cambiarme de acera, porque se ha vuelto agresiva como forma de autodefensa. Es una situación no poco perversa.
Esto me hizo pensar en lo tóxico que puede ser el mundo de los perros simplemente por lo extendidas que están una serie de ideas erróneas sobre la naturaleza de los animales y cómo gestionar sus relaciones sociales. Así, a partir de esas ideas, hay varias actitudes que se repiten mucho y que pueden hacer muy hostil el simple hecho de salir a la calle con tu perro si éste no se encuentra dentro de unos cánones físicos y psíquicos.
“Los perros tienen que saludarse y socializar por la calle”.
El infierno en la tierra, qué suplicio. Hay personas que no conciben cruzarse con un perro y no acercarse a que los animales se saluden. Claro que la socialización es importante durante la fase inicial del desarrollo del animal1, pero después ya es algo totalmente opcional, y siempre depende del perro que tengas delante. Si tienes un perro que necesita socializar, o simplemente es muy social, lo normal sería acercarte a una distancia prudencial, con el perro bien controlado con la correa, y preguntar si su perro se puede acercar al tuyo. Pero esto no es lo que ocurre, simplemente se te cruzan en el camino, van con correas extensibles con las que dejan que los perros vayan libremente hacia ti, muchas veces impidiéndote pasar, de forma que tu perro y el suyo no tienen otra opción más que enfrentarse. Olerse el culo o pelea a muerte en el circo romano, una de dos. Alea iacta est.
“Mi perro puede ir suelto por cualquier sitio”.
Hay pocas infracciones que vea más recurrentemente que esta. Prácticamente todos los días veo perros sueltos a cualquier hora, en cualquier sitio. Por la calle, en parques y plazas, incluso junto a zonas infantiles. Por aclararlo, cuando veo perros jugando por la calle me da alegría y un poco de envidia, no lo niego. Entiendo que los dueños de perros quieran que sus perros paseen y jueguen en libertad, y sé que muchos perros realmente pueden hacerlo responsablemente en cualquier lado2. El problema es que tú puedes pensar que tu perro es la reencarnación de Lassie, pero la realidad es algo más compleja. Seamos honestos, al final son animales que pueden reaccionar de formas inesperadas ante situaciones inesperadas, pero también, es que la libertad de algunas personas de ir paseando tranquilamente por la calle con su perro atado (o de jugar con su hijo tranquilamente en el parque) depende de que no haya otros perros sueltos que vengan a molestarte. Si sabes que tu perro tiene un comportamiento impecable tanto con humanos como otros perros, seguramente piensas que no pasa nada por saltarte la norma porque no haces daño a nadie. El problema es que, como suelen funcionar estas cosas, si unos se saltan las normas, otros lo van a hacer también, y seguramente muchos de esos perros no deberían estar sueltos porque…
”No es agresivo, sólo está jugando”.
Esta es seguramente la peor de las todas, el origen de todos los males. Esta es la que hace que todas las demás sean peor. Hay un desconocimiento tremendo de la psicología de los perros y se considera que jugar de forma agresiva es la única y auténtica forma de ser del can. ”Son animales, ellos juegan así”. Por ello, todos los otros perros tienen que adaptarse o quedarse en casa. Cuando hay uno o dos así en un parque de perros, se acaba la diversión para el resto. Y si te cruzas uno así suelto por la calle, puede ser peligroso para tu mascota. Y ojo con sobre proteger a tu perro, que te van a decir que eres tú el que está causando que sea asustadizo. ¿Os suena? Cultura machista humana aplicada a los animales. ¿O quizá es al revés?
Bola extra, sobre la pintura de Callum.
Para limpiar un poco el paladar, la bonita historia del cuadro que ilustra el artículo. En 1919, James Cowan Smith donó algo más de 50.000 libras esterlinas a las Galerías Nacionales de Escocia. En aquella época era un montón de dinero. Como condición solo puso dos cosas: que cuidaran de su perro Fury tras su muerte, y que pusieran ese cuadro de su perro anterior, Callum, pintado por John Emms. Aún se puede ver a Callum en las paredes de este preciado museo de Edimburgo, donde se ha convertido en un sello de identidad. El Reina Sofía podrá tener el Guernica, pero las Galerías Nacionales tienen al perrito Callum.