La pantomima de Pono

El placebo de la calidad de sonido

Ya se han escrito muchas cosas sobre lo (en principio) ridículo de la propuesta de Neil Young con Pono. Me pareció un buen resumen de links para leer el que hizo Marco Arment, en el cual se mencionaba también el magnifico post de Chris Montgomery al que enlaza este articulo y que, en mi opinion, es el único que hace falta para entender por que la música a 192 o a 96KHz no suena mejor, o por que los 24bits no son necesarios para el audio de consumo1. Técnico pero accesible, extenso, y cristalino en conclusiones, cualquiera a quien le interese el audio y se considere audiófilo debería leerlo.
Aunque, de lo que más me llamo la atención fue el propio video de la campaña de Kickstarter, campaña que está arrasando y ya lleva más de 5 millones de dólares recaudados. En él, salen todos los amigotes músicos de Neil Young, desde Beck a Foo Fighters, Costello, Mumford & Sons, a los cuales Neil se ha llevado de paseo para ponerles música en el coche usando su reproductor musical. Como estrategia genera-hype no está nada mal. Qué demonios, es una absoluta genialidad marketiniana. Ya pasó la era de ver anuncios de televisiones donde esas televisiones parecen verse mejor que la propia televisión donde estás viendo el anuncio. La aproximación de Hitchcock funciona mucho mejor. Díganselo al propio Spielberg con su Tiburón. ¡No lo enseñes! Enseña la reacción. Todos esos músicos, buenos músicos, deberían saber lo que suena bien y lo que suena mal. Excepto que no es así. Los músicos solo necesitan buen gusto para ser buenos músicos, no tienen por que tener un oído especialmente entrenado.
Por otro lado, no puedo evitar preguntarme, ¿qué música les ha puesto?...

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Asistentes virtuales

Ningún asistente puede entender realmente las motivaciones de un ser humano

Text: Hace un tiempo escribí este post sobre mis hábitos respecto al transporte público en el día a día. En retrospectiva, creo que resume por qué algunas funciones de Google Now o Siri aún tienen un largo camino por recorrer antes de llegar a sernos realmente útiles. Porque no somos robots, y no siempre escogemos el camino más rápido entre dos puntos, y existen preferencias como la cantidad de transbordos, de pasos, o incluso algo tan ajeno al viaje en sí y a la vez tan humano como es poder ver la ciudad y la luz durante el viaje. Sin embargo, Now sigue diciéndome la hora a la que pasa el próximo metro, día tras día. Google tiene datos suficientes sobre nosotros para saber dónde vivimos y dónde trabajamos (y probablemente que te dejen indicarlo tú en Google Maps sea simple redundancia y quizás un ejercicio de anti-creepiness). No creo que cueste mucho deducir por mis movimientos de cada día qué transporte y qué línea cojo cada mañana, y mientras aún no he decidido si me compensa la pérdida de privacidad ante la comodidad que podría ofrecerme, no puedo dejar de pensar que algo así sería un deseable próximo paso para los asistentes virtuales.

Música y videojuegos

Cómo a veces lo que hacemos mientras escuchamos música queda asociado a las canciones

Cuando iba al instituto, lo que solía hacer por las tardes era jugar a videojuegos y escuchar discos en loop. En aquella época uno no tenía acceso a muchos discos y lo normal era que te pasaran cintas o que pidiera algún CD por catálogo, a la Discoplay o a HitXop. Lo cierto es que ahora sigo siendo un oyente obsesivo, o quizá diría que soy costumbrista, y me gusta acomodarme en un disco durante días, o incluso semanas. Y mientras estoy con uno, no suelo escuchar apenas nada más.

El caso es que las tardes de la adolescencia son largas y daban para jugar bastante y escuchar repetidas veces los discos. Quizá por ello hay por ello algunos juegos que irremediablemente me recuerdan a ciertos discos de ciertos artistas, aunque sobre todo, hay ciertos discos que me transportan directamente a aquellas tardes y aquellos juegos, hoy en día tan desfasados como mi viejo 486. Recuerdo lo que me gustaban esos lectores de CD (2x, 4x…) que tenían un botón de play directamente en el frontal, y que cuando montaba los lectores en los ordenadores tenía que asegurarme de poner el cable que mandaba la señal de audio a la tarjeta de sonido.

Algunas asociaciones que me vienen a la cabeza:

  • Different Class de Pulp, con el primero de Tomb Raider.
  • Mellon Collie de Smashing Pumpkins con The Incredible Machine.
  • K de Kula Shaker, con el Warcraft II (said sail?).

Ahora me es curioso pensar que en aquella época era tan normal poner el radiocasete y trastear con el ordenador. Y que la forma de escuchar música usando el PC era con CDs.

Los gastos de gestión

Un abuso a los consumidores, que va en aumento

El otro día fui al cine. Nada remarcable. Como a casi todo el mundo, de vez en cuando me gusta ir. El caso es que el otro día me surgió la duda de si los gastos de gestión que se suelen cobrar cuando compras entradas online, los pagamos íntegramente los usuarios o si se divide el coste también con el cine/sala/productora/etc., ya que las empresas intermediarias como entradas.com también les dan servicio a ellos y no solo a los asistentes, gestionando las ventas, y además con servicios de promoción, etc.

Hoy trasladé esta pregunta abierta en twitter y tuve la suerte de que en la conversación alguien mencionó a María Fanjul, CEO de la propia entradas.com, que tan amablemente ha despejado mis dudas.

La conclusión a la que llego es que como sospechaba, en demasiadas ocasiones nos encontramos una situación injusta en que las empresas no incluyen los gastos de gestión como propios dentro de la actividad, si no que los cargan al final como extras de forma que recae como gasto aparte en el usuario. Porque queda muy bien decir que la entrada del cine vale 9,20€ como es el caso ahora, y al final meter 0,90€ extras de gastos de gestión y hacer como si nada. Lo mismo suele pasar con las entradas a los conciertos donde además los gastos de gestión suelen ser mayores aparentemente de forma proporcional al precio de la entrada. Es igual de engañoso que mostrar los precios sin I.V.A. y no advertirlo claramente ni poner cual es el precio final hasta que no se va a pagar. Peor aún, ya que los gastos de gestión abarcan muchas cosas que de ningún modo debería cubrir el usuario pagando un extra sobre el precio normal de la entrada.

Para colmo, tal y como dice María,...

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Facturación usando Numbers

Cómo me monté un sistema de facturación con hojas de cálculo en lugar de pagar por software

Durante años, para gestionar mi actividad económica como autónomo he usado Billings de Marketcircle. Empecé buscando algo sencillo y automático para generar facturas, ya que el método popular que era tener una plantilla en PDF/InDesign/etc y modificarla nunca me pareció realmente práctico. Con el tiempo y el uso, al final acabé apreciando lo cómodo de tener todos los clientes, proyectos y facturas/pagos en un sitio. Aún así, nunca ha sido una aplicación que me encantara. Sólo para empezar a usarla tuve que encontrar la forma de modificar las plantillas incluidas porque no tenían en cuenta que nosotros necesitamos poner el CIF de las empresas a las que facturamos, y esto fue un proceso tedioso y cero intuitivo con el que peleé horas hasta dar con algo que funcionara. Después, el programa no soportaba oficialmente ningún tipo de sincronización mediante Dropbox o similares, y yo que siempre ando con varias máquinas depende de dónde me encuentre, no quería estar atado a un solo ordenador. Conseguí tener la librería en Dropbox pero acabé con problemas de numeración de las facturas. Sufrí pero fui tirando(más vale lo malo conocido) hasta que ellos mismos me hicieron salir de ese estado de resignación.

Y es que hace unos meses recibí un email de Marketcircle donde se me informaba que Billings dejaba de recibir soporte en breve y que ahora sólo existiría Billings Pro, una solución similar pero que incluía una suscripción mensual para utilizar sus servicios de sincronización. Sencillamente no lo vi. Una cosa es seguir utilizando un software por el que había pagado ya y con el que había conseguido vivir a pesar de sus problemas (o quizá el problema es mío porque busco otra cosa), el caso es que no estaba dispuesto a comenzar a pagar mes a mes, por poco dinero...

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El sonido y la memoria

La capacidad del sonido para hacernos sentir cosas

Hoy caminando por un caluroso Madrid en las intempestivas horas tras la comida, pensaba en que hay sonidos que pertenecen a épocas del año, y otros que parecen transformarse dependiendo de la estación que habiten. Hay sonidos que inevitablemente asociamos al verano o a la primavera, como las cigarras, ciertas especies de pájaros, el mar (los que no vivimos en la costa) y la piscina, el viento atravesando las hojas de los árboles, los aparatos de aire acondicionado… O al otoño y al invierno, como la lluvia (en un clima mediterráneo continentalizado como tenemos en Madrid), neumáticos sobre asfalto mojado, pisadas en la nieve o sobre la hojarasca, o el crepitar de la madera en la chimenea. Luego hay otros que pese a no pertenecer a ninguna estación o estaciones concretas, suenan distinto en cada una.
Cada estación tiene sus características específicas sobre cómo se transmite el sonido en el aire en base a los parámetros de presión atmosférica, temperatura y humedad que se dan en cada lugar. La presión y las temperaturas frías hacen que las partículas estén más juntas y el sonido pueda viajar más lejos, lo que beneficia sobretodo a las frecuencias altas que son las que antes desaparecen al requerir de más energía para moverse, y al ser también reflejadas y absorbidas por las superficies debido a su corta longitud de onda. La humedad contribuye también de la misma forma, y algunos fenómenos meteorológicos del invierno, como la nieve o el hielo, reflejan el sonido haciendo que éste llegue a nosotros más puro, y de algún modo más frío. En el argot sonoro, un sonido cálido es éste que tiene principalmente frecuencias medias y graves. Un sonido frío es éste el que predominan los agudos por encima de todo. Quizá por eso en sitios...

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