Cosas que me han gustado en 2022

Inspirado por este post de Ari, voy a enumerar unas cuantas cosas que me gustaron de este año. Muchas son de otros años pero yo las he disfrutado en 2022. Sin ningún orden específico.

  • La Peor Persona del MundoOtra Ronda y Aftersun. Maravillosas las tres.
  • Miga. Si el primer año con ella fue complicado de gestionar, en 2022 se ha convertido en unos de mis pilares emocionales. Los animales son lo mejor, y los perros particularmente.
  • Charli XCX. Fuimos a verla en verano conociendo solo algunos temas sueltos, y se convirtió en una obsesión. Es increíble la cantidad de temazos que tiene.
  • Los conciertos de Drexler y Silvia Pérez Cruz con Javier Colina en el Teatro Apollo. Bon Iver en el Wizink – nunca pensé que un concierto en un sitio así pudiera sonar tan increíble. Sean Nicholas Savage en la Clamores.
  • El panettone de Pancracio (otro año más).
  • Casa Manteca en Cádiz. Es un clásico y un poco atracción turística, pero me encanta el ambiente, el producto, y ver cómo gestionan esa barra.
  • I Feel Alive de TOPS, Pompeii de Cate le Bon, Once Twice Melody de Beach House, En Lo Que Llega La Primavera de Alex Ferreira. Something to Lose de Better Person, y cualquiera de Paco Moreno.
  • Zelda Breath of the Wild. Me ha costado años pillarle el punto, pero al final me encantó y lo completé.
  • Las fotografías de Bego Antón.
  • No Siento Nada de Liv Strömquist (imprescindible lectura).
  • Heirloom Rustic Ales en Tulsa (USA). Una cervecería fantástica y un bar que es un punto de encuentro de la mejor gente de la zona.

Descentralización y estándares

Bastian Allgeier, creador de Kirby, un CMS basado en archivos de texto plano que ahora mismo es las tripas de mi página web, escribe en su blog sobre cómo la tendencia actual de irse a Mastodon está generando nuevas oportunidades y el peso que todo esto que está ocurriendo podría tener en el futuro cercano:

The network effect has always been the biggest obstacle for this revolution and now we get a glimpse of it. The more people join the Fediverse, the more useful it will become. This can already be seen in the last weeks since the Twitter exodus started.

Folks work on smaller, simpler alternatives to Mastodon instances, on new clients, on new tools and services. New servers sprout like mushrooms. The space is currently buzzing with excitement. Those who see the potential of it invest their passion and their time.

[…]

The network effect changes everything. It creates substance and opportunities.

Those opportunities of course come with risks. We will see spam and bots, attacks and blatant attempts to exploit this space. We will see the same shit that we’ve seen so many times before. There will be very dark parts of the Fediverse. There will be issues we cannot even imagine yet.

But there’s one major difference to all the problem’s we’ve witnessed with social media so far. It will stay an open space that we can co-design. Even though Eugen Rochko now seems to be a super nice guy, he has all the freedom to abandon Mastodon, make some bad decisions or to do a hard right turn and follow Elon. It doesn’t matter. Always remember that Mastodon is just one door. You no longer like this door? Open another one. Mastodon is not THE platform.

The Fediverse will grow and diversify. It’s already visible in the last weeks. Popular servers have been overloaded, new servers joined. A lot of people got so fascinated by the concept that they started their own private servers, which is fantastic. Hell, even simple websites can join. You can decide to be an active part or a passive part. It really doesn’t matter.

There will be beautiful islands and terrible swamps in the Fediverse. Small peaceful villages and crowed, ugly cities with a Starbucks at every corner.

I said it in my post that inspired this article: No traditional social media platform will be able to compete with this anymore once the network effects kick in here. And it’s looking very good at the moment.

Ayer conseguí acceso a la beta de Ivory y lo sentí como un punto de inflexión: cuando desarrolladores de primer nivel como ellos ven que una red como Mastodon les ofrece mejores oportunidades. Las redes sociales controladas por grandes empresas son alérgicas a que se construyan aplicaciones sobre sus servicios. Quizá el único motivo por el que Twitter hoy en día aún permite que existan apps como Tweetbot, es porque las aplicaciones de terceros fueron tan fundamentales para el desarrollo de lo que es Twitter hoy, como lo fueron los propios usuarios. En general, las rrss comerciales lo que quieren es engagement, visitas, publicidad… Lo que por un lado, es incompatible con estándars web, como el RSS, y por otro, potencia una relación tóxica con el medio, la viralidad, la indignación, y todo lo malo que sabemos que ha ido creciendo en estas redes. Si Twitter sigue existiendo en un tiempo, es probable que siga siendo el sitio donde las noticias viajan rápido. Pero para lo demás, estar en Mastodon, y el resto de servicios que de nuevo parece que toman tracción, como blogs, Pixelfeld, Tumblr, etc., se siente como un soplo de aire fresco ahora mismo. Los retos acabarán llegando, irremediablemente, a cualquier lugar donde la masa de usuarios llegue a unos niveles. Pero quizás, como dice Bastian, al menos podremos decidir entre todos cómo atajar esos problemas.

52 canciones

Cuando trabajaba en Zinkia, hicimos una temporada de Pocoyó cuya idea inicial es que fuera una especie de curso de idiomas. (link: https://nahumgarcia.com/thoughts/byepocoyo text: Ya hablé de esto en un post de 2012), esto es lo que escribí:

Let’s Go Pocoyo! (2009), que en principio era un curso de inglés, fue concebido para verlo en su idioma original en cualquier lado, y estaba pensado para que los niños se fueran quedando con vocabulario. Los guiones, más sencillos que los de la serie normal, se crearon en torno a áreas de aprendizaje y grupos de palabras. Pero había dos grandes novedades. En medio de los episodios habría dos departamentos, distintos visualmente, que servirían para reforzar el aprendizaje. La otra novedad sería que al final de cada episodio habría una canción cantada, que tendría una letra que explicaría en la medida de lo posible, y repetiría, las palabras importantes del episodio. Unos meses antes habíamos hecho un piloto dirigido por Giuseppe. El piloto de LGP era hilarante, sobre todo la canción final, que encantó a todo el mundo, así que ahora era el momento de llevarlo a producción en serio.

El reto estaba servido, teníamos que hacer 52 canciones distintas, con letra, para Let’s Go Pocoyo!. Cada canción iría sobre una cosa. Habría canciones sobre el reciclaje, sobre los objetos que hay en un salón, sobre los supermercados, el desayuno… Nos juntábamos cada viernes, yo con la guitarra o el bajo y Dani con el teclado, y nos poníamos a improvisar cosas a ver qué salía. Después comentábamos con Giu para ver si le encajaba la idea de la canción con el planteamiento visual que aplicarían al videoclip que iría con la música, y listo. Trabajábamos codo con codo con la imagen, pero la música mandaba por primera vez en la serie. Nos impusimos una premisa: tenía que salir cada canción en una tarde o una mañana, aunque luego teníamos algo más de tiempo para arreglarla del todo. Nos gustaba llevar las cosas al extremo y a veces nos poníamos a trabajar a las 5 de la tarde del viernes en la canción que tocara. Había viernes que nos tocaba hacer dos canciones, y nos las ventilábamos lo más rápido posible. Trabajando así, conseguimos unos resultados increíbles. Nos salieron canciones muy divertidas, frescas y bonitas. Yo hacía las letras y las cantaba en las demos, y al principio me costaba un poco escribir con unas palabras dadas, pero en cuanto le cogí el truco salían solas. Después, cada entrega de 13 episodios, íbamos a un estudio de grabación y las grabábamos con Garrett Wall, que tiene una voz increíble. También grabábamos a niños que a veces improvisaban coros y se quedaban tal cual en las canciones. El resultado nos encantó y en conjunto, las 52 canciones de Let’s Go son una de las cosas de las que estamos más orgullosos porque nos permitieron hacer de todo. Las convertimos en un subproducto dentro de la serie, hicimos en secreto una especie de enciclopedia musical. Tocamos casi todos los estilos, country, reggae, rock&roll, punk, disco, funk, rap old school, electrónica al más puro estilo Kraftwerk, easy listening… 52 canciones dan para mucho. Al principio también nos tocó pelear un poco con producción ejecutiva porque les parecían muy adultas y muy poco Pocoyó. Pero nos acabamos saliendo con la nuestra y el resultado está ahí.

Dani y yo improvisando en Zinkia

El caso es que hace no mucho se me ocurrió mirar si esas canciones estaban en Spotify, y me alegró mucho ver que sí están, en todos los idiomas que han sido publicadas. A pesar del tiempo que ha pasado, al volverlas a escuchar, me siguen encantando, y pienso que Dani y yo no habríamos sido capaces de hacer aquello si no hubiéramos llevado trabajando tanto juntos. Estábamos en un punto en que sabíamos a dónde podía llegar cada uno, dónde encajábamos. Teníamos una paleta de sonidos muy versátil que nos permitía hacer cualquier cosa y un lenguaje interno desarrollado durante años.

Seguramente no descubro nada a nadie: hay mucha literatura que habla de los procesos creativos, de cómo la calidad sale de la regularidad, y las buenas ideas de ponerse límites. Aquel fue un buen ejemplo, y no se me ocurre nadie mejor que Dani para haberlo hecho.

Os dejo aquí una playlist con mis canciones favoritas de las que hicimos.

Un año con Miga

Foto de Miga

Tal día como hoy, hace un año, conducía desde Morata de Tajuña hasta mi casa con una perrita de 6 meses que acababa de adoptar. Miga dio el pistoletazo de salida de esta nueva etapa vomitando en el coche. Como representación gráfica de los meses que estaban por venir, no podía haber sido más acertada. Juntos, hemos pasado un año que parece una vida. Miga marcó el comienzo de la segunda mitad de un largo viaje de retorno a casa que empezó en la navidad previa a la pandemia, y que está acabando ahora en 2022. Como a casi todo el mundo, la pandemia supuso un reset brutal, que además en mi caso sucedió al poco de comenzar una nueva etapa en mi vida, así para mí el hipotético fin de la pandemia parecía más reencontrarme conmigo mismo que volver a una normalidad pasada que ya no existe.

Miga era (y sigue siendo) una perrita con un aspecto adorable, despeluchada, orejas caídas y mirada tierna muy expresiva. Los primeros días en casa estaba súper tranquila, pensaba que me había tocado la lotería, pero en seguida comenzó el proceso real de adaptación. Miga es muy ansiosa y eso lo dificulta todo mucho. En la calle temblaba de miedo, en casa apenas se relajaba y necesitaba tenerla controlada en todo momento para que no lo destruyera todo (que lo intentó). Dejarla sola era un drama, lloraba y ladraba, y con la ansiedad se amplificaba su impulso destructor, así que lo evité a toda costa los primeros meses. Si venía alguien se ponía muy nerviosa, quería jugar todo el rato hasta el punto de que era molesta, pero también, se hacía pis varias veces. La sensación era de secuestro, estrés, agotamiento. Descubrí el concepto del “puppy blues”, y algunas personas me preguntaban si me arrepentía de haberla adoptado. Cuando estás en medio de una situación así, ese tipo de preguntas caen como una losa (nota: no preguntéis esas cosas, no aportan nada). Pero poco a poco, los meses fueron pasando y todo se fue haciendo mucho más llevadero. Se fue calmando en casa, en la calle. Se fue acostumbrando a quedarse sola y aunque a veces aún se estresa, en general ni se inmuta cuando me voy. Con la gente, aún se pone nerviosa pero al rato ya se relaja. Aún sigue siendo una perra muy asustadiza, y quizá lo sea para siempre, pero es algo que ya podemos manejar, y con suerte, irá a mejor.

Con el tiempo, Miga se ha convertido en una agradable compañía, y es parte de mi familia. Nos hemos adaptado mutuamente, ambos hemos necesitado mucha paciencia. En retrospectiva, creo que Miga es una santa. Estoy seguro que hay muchos perros mucho más tranquilos y fáciles de gestionar. También he oído historias muchísimo peores que la mía. Al final, Miga es mi perrita, he aprendido a quererla como es, pero también, la quiero por todo lo que hemos vivido ya. Casi todas las relaciones empiezan con un impulso casi irracional, un impulso basado en mil asunciones, pero luego hay que construirlas poco a poco. A veces se pasa mal, pero con paciencia, perseverancia y cariño, (link: https://open.spotify.com/track/6RoENip4UE0VChz36VCFEd?si=6e46681f30a54fca text: llega la recompensa).

El monopolio que cambió el porno

Este artículo se publicó primero en la publicación para adultos Zerospaces, fundada por Stoya, en mayo de 2021. El sitio ha dejado de estar online. De la distribución a la emisión al streaming En junio de 1990 comenzó a emitir en España el primer canal de televisión privado. Canal+, fundado en Francia, era un proyecto muy ambicioso que, comparado con la televisión pública española de la época, parecía que venía del futuro. Tenía programas de entrevistas de calidad, estrenos de películas, y contenido para adultos. El branding del canal ha sido considerado una referencia en el mundo del diseño, por su finura y su estilo rompedor. La suscripción no era barata, unos $20 al mes (unos $40 de hoy) más un depósito de $100 por el decodificador. Al principio, Canal+ emitía usando la señal terrestre analógica, por lo que tuvieron que llegar a un acuerdo con el gobierno para emitir 6 horas de la programación en abierto. Así, cualquiera con una televisión normal podía sintonizar el canal, pero solo si tenías un decodificador y pagabas la suscripción podías ver el contenido premium. Por las noches, como tenía el lujo de haber heredado una de las televisiones viejas de la familia, me gustaba ver algunos de los programas que emitían en abierto desde mi habitación. Pero en cuanto comenzaba el contenido de pago, la imagen se volvía un montón de líneas en blanco y negro, y el sonido una especie de quejido robótico. Solíamos bromear que si entornabas los ojos, podías entender lo que estaba pasando en la pantalla. Este desastre es como vi porno por primera vez, y muchos de mi generación en España dirían lo mismo. El porno en aquella época no era fácil de conseguir, especialmente si vivías en un pueblo pequeño como era mi caso. No solo tenías... Leer más →

Spotify y la economía musical

El otro día fue noticia que en varias ciudades del mundo hubo protestas de artistas frente a la oficinas de Spotify. No parecen haber sido unas protestas multitudinarias, pero es un hecho significativo que muestra que hay un descontento palpable en el sector. Especialmente entre artistas medianos que a nivel de proyecto funcionan y tienen un público fiel, que pueden meter miles de personas en un concierto, con canciones que superan el millón de escuchas en Spotify, pero después perciben una cantidad irrisoria de dicha plataforma. Existe una sensación general de que se vive una continua crisis del sector, que además sobrevive con cero inversión pública, y se ve al streaming como una de las causas de esta crisis. Y es que es verdad que (link: https://www.toptal.com/finance/market-research-analysts/state-of-music-industry text: viendo las cifras), es evidente que la industria musical ha estado cayendo durante toda la primera década de los 2000, pasado de facturar 25.000 millones de dólares en 1999, a facturar 14.000 millones de dólares en 2010. Después, los siguientes 5 primeros años de los 2010 los ingresos se estancaron, para comenzar a crecer de nuevo y alcanzar los 21.000 millones en 2019. No se ha recuperado el brío que tenía en los 90 con el auge del CD, pero se está recuperado bastante, a niveles de 2003, y gran parte de los ingresos que antes venían de la venta de discos físicos, ahora vienen del streaming, que irónicamente, es el responsable de que esté mejorando la situación ya que tanto el beneficio por ventas físicas sigue cayendo, como el de las descargas digitales. Básicamente, el negocio crece, porque crece el streaming. Ahora, sobre esto, un par de consideraciones. La primera es que incluso suponiendo que la industria se esté recuperado gradualmente, no se puede asumir que por ello, los músicos estén... Leer más →